Lo que no sabías sobre Hitler


14/12/2008 - Por Mercy - Curiosidades

Hacía bromas pesadas:
Le gustaba simular que estaba enojado con los ministros del exterior que no lo veían tan seguido, e incluso montaba complejas farsas para asustarlos como broma. En una ocasión, Ernst Hanfstaengl fue subido a un avión lleno de miembros de la GESTAPO, haciéndolo creer que iban a una misión suicida. El ministro se escapó en una parada técnica que tuvieron que hacer en Suiza y se unió a los Aliados pensando que así salvaba su vida. Finalmente brindó mucha información útil para los amigos de norteamérica.

Su Gobierno dependía de su perra:
Adolf tenía un ovejero alemán llamada Blondi, el Führer la entrenaba todos los días, incluso interrumpiendo importantes reuniones para que no pierda el ritmo de aprendizaje. El equipo sabía que la predisposición del máximo líder nazi dependía directamente de Blondi, ya que Hitler se ponía de muy mal humor si no le salían los trucos a su perra. Uno de sus oficiales dijo después “A veces tenía la impresión de que la campaña sobre Rusia dependía más de Blondi que del equipo del General”.

Salió en una foto de la Primera Guerra:
La foto fue tomada por Hitler fue “cartero”Heinrich Hoffman en 1914, cuando Alemania le declaró la guerra a Rusia. en la primera guerra, hasta que una granada de gas mostaza le destrozó las cuerdas vocales obligándolo a aprender a hablar nuevamente. Hoffman, por casualidad, fue luego el fotógrafo personal del Führer.

Era goloso:
Comía casi un kilo de chocolate por día, y tomaba el té con nada menos que siete cucharadas de azúcar.

Le encantaba el cine:
Después de ver la película “El Túnel” en 1910, se hizo un aférrimo fanático de las películas. Gustaba mucho de organizar proyecciones privadas para sus amigos. Le gustaban mucho Greta Garbo y Shirley Temple, aunque le disgustaba Charles Chaplin (incluso antes de que haya hecho “El Gran Dictador”. Una de sus películas favoritas fue “King Kong”.

Era un gran silbador:
Le gustaba la música, y tocaba la flauta y la harmónica, eso le permitió desarrollar un oído espectacular, y era reconocido por poder silbar canciones de Wagner con mucha presición.

Se hizo vegetariano después de ver la autopsia de su novia:
La novia de Hitler se suicidó después de ser perseguida mucho tiempo por el futuro dictador. Después de presenciar la autopsia de la joven no volvió a comer carne, intentaba que nadie lo hiciera, y bromeaba continuamente con hacer un budín con su propia sangre al cual llamaría “Te de Cuerpo”.

Sufría de Hipocondría Crónica:
Se autodiagnosticaba múltiples enfermedades, especialmente intestinales. Se médico con muchísimas pócimas diferentes, llegando incluso a ingerir bacterias producidas a partir de heces humanas. Hacia el final de la guerra, estaba muy preocupado por el posible envenenamiento por aire puro.

Fue rechazado como soldado:
Cuando tenía 20 años fue llamado a combatir por Austria, y el cambió de dirección en múltiples ocasiones hasta que el Gobierno lo encontró y lo arrastró a Münich en donde le hicieron los exámenes pertienentes. Físicamente no estaba apto, y fue declarado no-apto para el combate.

“Heil, Heil Hitler”, lo copió de las porristas:
Ernst Hanfstaengl era un buen amigo del Führer (a pesar que luego terminó traicionándolo por la broma que le hizo), y viajó a Harvard, en Estados Unidos. Al volver le contó a Hitler sobre las porristas, y él se obsesionó con esta idea de conquistar masas a través de un cántico. El “ra, ra, ra” de las porristas se convirtió así en “heil heil, hitler”.

Por ejemplo el gusto que tenía por las pinturas. El führer pintó durante muchos años de su juventud y puso mucho énfasis en el estudio de las artes visuales, pero su situación económica no era la mejor, y Adolf pintaba a mano postales para vender a los turistas.

Este aprecio por el buen dibujo lo hizo fervoroso simpatizante de Blancanieves y los Siete Enanitos. William Hakvaag, director de un museo de guerra en Noruega, encontró dentro de un cuadro alemán, unas pinturas sobre el filme firmadas por “A. Hitler”.

Su devoción por Blancanieves eran tan grande que tenía una copia original del fílmico de la película, la cual veía en su sala privada de proyección. Allí mismo se sentaba todas las noches, y casi siempre disfrutaba de películas que estaban prohibidas para el resto de la población. Dicen que disfrutaba mucho de las comedias con actores judíos (como Chaplin), de las producciones de Disney, pero también de las tortuosas.

Hitler tenía un equipo que le producía películas sobre tortura y ejecución de prisioneros. Además, también le facilitaban material pornográfico en fotos y audiovisuales.

Si tenía que ver televisión le gustaban los noticieros (especialmente si él estaba en ellos). Pero prefería la música. Gustaba de las canciones judías (en secreto), y si escuchaba que cantaban muy bien afirmaba “es una lástima que no sean de raza aria”. La música gitana también lo atraía, pero públicamente siempre agasajaba a Wagner.

Otro de sus entretenimientos preferidos era el circo, aunque no tenía interés en ver animales haciendo gracias. Le agradaba pensar en el riesgo que corrían esos actores por sólo unas monedas, y se preocupaba mucho por ellos acercándoles chocolates y regalos caros si alguien se accidentaba. Dicen que en 1933 Hitler vio innumerables funciones de circo.

Lo que no le interesaba era el deporte de ningún tipo. Nunca practicó ninguno y nunca hizo ejercicio excepto por cortas caminatas que realizaba dentro de los dormitorios silbando siempre la misma canción y yendo en diagonal, de esquina a esquina de la habitación.

Es dudable que después de tan leve tarea transpirara, pero no usaba colonias ni desodorantes o perfumes de ningún tipo, y si requería bañarse no usaba asistencia de ningún tipo (ni en sus años de mayor vejez). Nadie lo ha visto desnudo en su adultez e incluso, por más calor que tuviera, jamás se quitaba la capa en público.

Este excesivo respeto contrastaba con su egoísmo en las charlas de cenas de gala, en donde siempre monologaba con temáticas como “Cuando fuí soldado”, “Cuando estuve en Viena”, “Cuando estuve en prisión,” y “Cuando era el líder en las primeras épocas de la fiesta”. Estos pequeños discursos eran ensayados por el Führer con mucho entusiasmo, y nadie debía interrumpirlo cuando los daba.

En 1923 su secretario de prensa le sugirió que se quitara el bigote arcáico y estricto que llevaba. Adolf respondió: “No te preocupes por mi bigote. Si no está a la moda ahora, lo estará luego, porque yo lo uso!”.

Este interés por imponer la moda puede parecer un poco femenino, y es posible que el psicólogo Carl Jung hubiese estado de acuerdo, ya que decía que la manera excesivamente prolija y pulcra de escribir que poseía el führer le permitían reconocer “las típicas características de un hombre con esencial instinto femenino.”

A pesar de todas estas facetas tétricas del dictador, también tenía su lado tierno. En un momento encargó a varios investigadores que establecieran si las langostas, centollas, y cangrejos, sufrían más al ser cocinadas a fuego lento o en el agua hirvieno. Debido a que los científicos establecieron que sufrían menos en el hervor, prohibió que fueran cocinadas de otra manera.

Fuente: www.mejodes.com




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